CONOCIMIENTO Y USO DE LA LENGUA
“Los hombres somos hijos de la palabra. Ella es nuestra creación; también es nuestra creadora: sin ella no seriamos hombres. (Paz, 1997)
El lenguaje es la manera más evidente de hacernos presentes como seres humanos, conscientes, únicos y reales. Se trata de toda una historia que abarca hechos inmemorables; implica un verdadero legado de recuerdos, conocimientos, pasado único y cambios.  Es el mismo que nos habla de nuestro origen, de lo que hemos pasado hasta llegar al presente de nuestros días como sociedad y a la vez nos da una identidad de pertenencia con las circunstancias en las que nos vemos inmersos, con el tiempo y también con el espacio que compartimos,
Por eso va adoptando un sentido diferente, comienza a dársele una visión funcionalista y comunicativa, es decir, cuando antes se creía que era suficiente con sacer uy conocer todo acerca de la lengua, es decir, de manera más cerrada memorizar cada uno de los conceptos que la conforman tales como léxico fonética y todo aquello que abarca la pragmática, se comenzó a pensar que era necesario para contextos más reales como el enfrentamiento de diferentes situaciones diarias aprender a usar la lengua, que tuviera una verdadera función que pronto se le conocería como acto del habla”. Así se volvió una forma de cumplir con objetivos más precisos a través de la codificación y descodificación de mensajes orales y escritos.
En su momento quienes pensaban que era importante tener conocimiento de la gramática, no estaba tan equivocado porque para tener la capacidad de usar el lenguaje de manera adecuada en cualquier situación es necesario tener la competencia comunicativa, que no es mas que la suma de la competencia lingüística que se refiere a la gramática y la competencia pragmática que se refiere a todos aquellos conocimientos no lingüísticos.
Quizá por ello se han tenido demasiados tropiezos en el ámbito escolar al creer o querer que nuestros alumnos simplemente tengan conocimientos fragmentados sobre el lenguaje, que memoricen sus estructuras, que aprendan a leer separando las silabas y repitiendo una y otra vez cuando se le debe enseñar a usarlo de acuerdo a sus necesidades y propósitos, es decir, a apropiarse de él.
Para ello es necesario adquirir una competencia comunicativa que no es más que la suma de conocimientos de reglas lingüísticas que cada individuo debe de conocer para poder entender un sin nuero de enunciados lingüísticos, hablamos de a gramática y la pragmática que se refiere a los conocimientos lo lingüísticos, eso es lo indispensable que se requiere para usar el lenguaje en el momento que lo requerimos de una forma correcta y adecuada, en diferentes situaciones sociales que se nos presentan día a día y no solo en la escuela como es el caso de los alumnos sino en cualquier contexto en el que se encuentren.
Precisamente a esa nueva concepción, que el alumno aprenda a comunicarse mejor con el uso de la lengua se le conoce como enfoque comunicativo. Para conseguirlo, como maestros es de vital importancia que los situemos en casos reales en los que pueden de manera libre participar con libertad, elegir como quieren comunicarse y reciben respuesta ante ello (feedback).
Se trata de trabajar con un todo, como ya lo mencionaba, que no sea fragmentado sino que trabajen con textos completos y que aprendan a hacerlo de manera conjunta, lo que se conoce como trabajo en parejas o en equipo.


Ahora bien, El uso de la lengua únicamente puede usarse de cuatro maneras; a través de las cuatro habilidades lingüísticas: hablar, escuchar, escribir y leer. Y se clasifican así:


Según el papel en el proceso de la comunicación
Según el código

Receptivo (comprensión)
Productivo ( expresión)
Oral
Escuchar
Hablar
Escrito
Leer
Escribir


Su clasificación ha sido objeto de estudio por tratar de establecer cuál de los dos es más importante si el lenguaje oral o el escrito.

El lenguaje oral y escrito
Se inventó para vincular a quienes se encuentran separados en formas o épocas diferentes incluso, para dejar huella en nuestro andar, recordar, fortalecer y trascender en la mente de quienes lo reciben y pueden comprender. El lenguaje escrito fue creado para llegar más allá de las fronteras que nosotros mismos ponemos, para acortar distancias, fue creado para ser modificado pero también para crear, impactar, permanecer en el tiempo. Siempre tan objetivo, preciso, cerrado y estándar. En cambio, el lenguaje oral es un sinfín de posibilidades, eso que una vez expresado irreversiblemente ha de ser modificado, el que da cuenta de su presencia con tanta pobreza y sinceridad a la vez. Así, tan coloquial, subjetivo, redundante sin nada más que decir que lo que se siente en el momento, envuelto en emociones y reacciones momentáneas de la mente y el corazón.
Las dos experiencias forman las raíces de nuestra tierra, el andar de nuestra alma, la insensatez de lo que pasa entre la mirada, el pensamiento y el aire, la consecuencia de una construcción perfecta, divina propia del universo.
Y como ya es previsible la manera de comunicarnos como todo, cambia y se mueve, genera continuidad pero se modifica, eso le da un verdadero sentido de pertenencia aún con todos los giros a los que está sujeto. O quizá somos nosotros los que a través de los años vamos cambiando y nos vamos expresando de manera diferente, nos proyectamos a través del lenguaje, generamos identidad a través de su uso, de una invención que le damos cuando somos parte de él.
“La lengua es un signo, el signo mayor, de nuestra condición humana”  (Paz, 1997)

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